13 Abr 23 603

Taxista pervertido juega con las tetas gigantes de Anna Katz

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Descripción

Cuando Anna Katz abrió la puerta del taxi, el taxista no se lo podía creer. Nunca antes en su vida había visto un par de tetas semejantes. Enormes, redondas, más grandes que la cabeza de su dueña… e incluso que la suya propia. Anna, para colmo, siempre anda con camisas escotadas y, por supuesto, sin sujetador. ¡Es que no hay sujetadores de semejante tamaño! El taxista no se pudo contener y en medio del viaje empezó a tocárselas. Anna ya está acostumbrada a que le soben los melones, así que ni se inmutó. El tío sacó una de sus domingas para manosearla bien y, en cada semáforo, se tocaba la polla. La tetona, resignada, solo miraba hacia adelante esperando que, por dejarse tocar, el taxista no le cobrara el viaje.